MANIFIESTO
Los edificios superan tendencias, incentivos y ocupantes. Las decisiones deben evaluarse según sus consecuencias futuras, incluyendo mantenimiento, reparación y reemplazo. La optimización de corto plazo a menudo traslada el costo hacia adelante en lugar de eliminarlo.
El entorno construido se acumula. Cada proyecto eleva o reduce el estándar. Nuestra obligación es dejar edificios que sigan siendo útiles, sólidos y mantenibles mucho después de su finalización. La durabilidad es una forma de respeto hacia el futuro.
Las visualizaciones, el lenguaje y las narrativas no cambian la realidad física. El desempeño sí. Priorizamos lo que puede construirse, probarse y mantenerse por encima de lo que puede presentarse. La claridad reemplaza a la persuasión.
Las afirmaciones sin verificación no son prueba. La corrección se gana mediante un diseño cuidadoso, documentación clara, ejecución disciplinada y seguimiento. El trabajo debe resistir la inspección, el uso y el paso del tiempo. Cualquier cosa menos que eso es una afirmación sin sustento.
La responsabilidad fragmentada produce resultados fragmentados. La responsabilidad debe recaer en quienes toman decisiones y ejecutan el trabajo. Cuando la responsabilidad es clara, los errores aparecen temprano y se corrigen de manera directa.
Lo que no se mide suele asumirse, y las suposiciones fallan en silencio. El desempeño debe verificarse cuando sea posible: calidad del aire, comportamiento de la humedad, control térmico y cargas de los sistemas. La medición crea rendición de cuentas y reemplaza la opinión con evidencia.
Los edificios son entornos que interactúan directamente con el cuerpo humano. El aire, el agua, la luz, los materiales y las cargas electromagnéticas afectan la salud, se reconozca o no. Las decisiones de diseño y construcción deben considerar estas interacciones como condiciones primarias, no como preocupaciones secundarias. Ignorar la biología no elimina sus efectos.
La salud no es una mejora ni una característica adicional; es desempeño fundamental. La mala calidad del aire, la humedad mal gestionada, los materiales tóxicos y el estrés excesivo de los sistemas generan costos a largo plazo que no pueden resolverse de forma cosmética. Los edificios o apoyan la salud, o la deterioran.
La tecnología es una herramienta, no una solución. Los sistemas que agregan complejidad sin mejorar los resultados biológicos aumentan el riesgo de falla con el tiempo. Los sistemas mecánicos, eléctricos y digitales deben respaldar la salud humana y la estabilidad del edificio, no imponerse sobre ellas.
Los edificios son activos de larga vida y alta intensidad de capital. Las suposiciones monetarias poco sólidas fomentan la velocidad, los atajos y la especulación. El dinero sólido refuerza la disciplina, la contabilidad real de costos y la responsabilidad de largo plazo en la forma en que los edificios se financian y se ejecutan.